1, 2, 3, y vuelta a empezar.
Enloquece el sentimiento aunque me sepa de memoria todos los pasos que siguen. Ya no me cabe la paciencia, ni la esperanza ni mucho menos el perdón. Aceptar de forma verdadera que mi raíz ni está ni se la espera, repercute en todas y cada una de mis decisiones. El lamento me acompaña desde edades tempranas. Lo considero mi mejor amigo. Es triste, siento pena, por ese futuro que nunca será pero sobre todo por ese ahora que me obliga a perder la fe. Qué curiosa es la fe. El ser humano es capaz de agarrarse al más fino cabello cuando está a punto de caer por un precipicio, imaginarse vidas en otras dimensiones con tal de no sucumbir e incluso fingir que algo no importa con tal de mantener el silencio. Me recuerda a la llamada "fuerza histérica", esa fuerza extraordinaria que se demuestra en situaciones de vida o muerte. Qué curiosa es la fe. Dejas de distinguir entre esperanza e insensatez, dejas de distinguir entre amor y odio, dejas de distinguir entre un kilo y q...