ミミ◦❧◦°˚°◦.¸¸◦°´*•.¸♥nOstalg1a=Qui3tuD♥¸.•*´°◦¸¸.◦°˚°◦☙◦彡彡
Hoy vengo a hablar de mi libro o lo que es lo mismo, vengo a venderte la idea que me ronda la cabeza desde hace meses.
La nostalgia bien entendida y la vuelta a épocas más sencillas no tienen porque estar envueltas en turbocapitalismo, machismo, racismo, lgtbifobia o negacionismo.
Sí amigos, estoy muy dentro, quiénes me acompañan por las redes del infierno lo saben.
Desconozco si algo me ha dado más paz en esta vida que encender una vela mientras pinto, arrancar hierba con las manos al atardecer o simplemente notar el frío en la humedad de la tierra.
Para.
La nostalgia bien entendida y la vuelta a épocas más sencillas no tienen porque estar envueltas en turbocapitalismo, machismo, racismo, lgtbifobia o negacionismo.
Sí amigos, estoy muy dentro, quiénes me acompañan por las redes del infierno lo saben.
Desconozco si algo me ha dado más paz en esta vida que encender una vela mientras pinto, arrancar hierba con las manos al atardecer o simplemente notar el frío en la humedad de la tierra.
Para.
No quiero que creas que estoy romantizando algo irreal o una vuelta al tradicionalismo rancio.
Simplemente busco disfrutar de momentos en plena quietud y la nostalgia forma parte de esto, pues una vez, esa calma existió en todos nosotros.
Y no creáis que es algo sencillo, incluso en mis circunstancias de soledad esto se convierte en una búsqueda del tesoro, sin mapa y con un villano que te pisa los talones.
Creo que ya se ha dicho en todos los idiomas que las pantallas no solo comen cerebros, también comen vidas. Pienso en todo lo no vivido por pasar las horas delante de un espejo negro, habitando la existencia de otros por diversos periodos de tiempo, deseando momentos propios, siento amargura.
La quietud permite acontecimientos, permite que el aire callejee por la rutina más oscura y que nazca una creatividad sin adulterantes propia de la memoria.
Esto me lleva una vez más a la observación meticulosa de las infancias que realizo actualmente, ésta me transmite cierta apetencia del profundo entusiasmo que consiguen sin esfuerzo, cosa que rara vez podemos encontrar en la adultez.
Simplemente busco disfrutar de momentos en plena quietud y la nostalgia forma parte de esto, pues una vez, esa calma existió en todos nosotros.
Y no creáis que es algo sencillo, incluso en mis circunstancias de soledad esto se convierte en una búsqueda del tesoro, sin mapa y con un villano que te pisa los talones.
Domesticar la quietud supone descubrir el sonido del aburrimiento. Y ay, qué difícil es aburrirse.
Creo que ya se ha dicho en todos los idiomas que las pantallas no solo comen cerebros, también comen vidas. Pienso en todo lo no vivido por pasar las horas delante de un espejo negro, habitando la existencia de otros por diversos periodos de tiempo, deseando momentos propios, siento amargura.
La quietud permite acontecimientos, permite que el aire callejee por la rutina más oscura y que nazca una creatividad sin adulterantes propia de la memoria.
Esto me lleva una vez más a la observación meticulosa de las infancias que realizo actualmente, ésta me transmite cierta apetencia del profundo entusiasmo que consiguen sin esfuerzo, cosa que rara vez podemos encontrar en la adultez.
A un infante puedes mostrarle el mismo objeto todos los días sin hacer ningún tipo de juicio y aún así tendrá potencial para ser transformado cada jornada en infinitas posibilidades, si y solo si, tiene a un adulto que pueda acompañarle y que le proporcione el objeto en el momento correcto.
Nuestras infancias no quedaron tan lejos, sin embargo, es preciso un entrenamiento para adoptar la quietud, adquirir ese entusiasmo y sobre todo, alguien o uno mismo que nos guíe por esa senda.
La contemplación es capaz de convertir a las mentes más inquietas en pura calma y ahí, si indagas lo suficiente, descubrirás la felicidad que narran las pantallas.
Hoy mi quietud no es perfecta, tiene distintas formas pero acaricio con la punta de los dedos mis anhelos.

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